Ha llegado el día: ¡adios muletas! Hoy el doctor ha decidido coger esas tijeras tan raras y cortar la venda que me impedía mover y apoyar el pie. Y he pensado: ¡por fin! Y eso que sólo han sido 5 días...
Quizás penséis que soy un exagerado, pero no aguantaba un día más yendo a trabajar con la pierna vendada, cenando con la pierna vendada, duchándome con la pierna vendada... Es muy cansado: tengo la pierna derecha sobrecargada, y el pie resentido. Es como si constantemente estuviera caminando sobre una pelota de tenis. Y el oír las palabras te voy a quitar el vendaje, que sé que el vendaje es más molesto que la propia lesión... ha sido un verdadero alivio. Me siento más libre, más independiente.
Y lo extraño es esa sensación de inseguridad al volver a apoyar el pie. Volver a andar no es fácil, y sin muletas aún cojeaba e iba dando algún que otro saltito. No me creía capaz de volver a apoyar el pie y el gemelo de esa pierna estaba completamente tenso, lo que hacía que me doliera cada paso que daba. Hasta que se ha ido relajando y ha vuelto a coger la tónica habitual.
Así que a las amigas que me han acompañado durante estos 5 días les digo adiós. Son buenas amigas, te ayudan siempre y jamás dejan de ejercer su función, pero era mejor no haberlas tenido que conocer nunca. Y aprovecho para mandar muchísimo animo a todos aquellos que conviven con ellas, que cuando te pones en su piel entiendes que es difícil adaptarse a la nueva situación. Espero que para ellos, como en mi caso, su situación sea temporal y vuelvan a independizarse en poco tiempo. ¡Así que ánimo!
Amigas, al más puro estilo Sidonie os digo aquello de Adiós, muy buenas noches, te digo adiós, adiós...